Mi pareja termina y yo no: ¿qué pasa cuando el deseo y los tiempos no coinciden?

Pareja abrazada en la cama por la mañana, en un momento de intimidad y calma
Tiempo de lectura: 5 minutos

Las relaciones íntimas reales rara vez siguen el guion perfecto que vemos en las películas. Allí parece que ambos disfrutan al mismo tiempo, llegan al orgasmo juntos y todo ocurre sin complicaciones.

En la vida real, las cosas son bastante diferentes. Puede ocurrir que una persona termine antes de lo esperado, que a la otra le cueste más llegar al orgasmo o que, en algún momento, las ganas de tener relaciones sexuales disminuyan. Llegar ambos a la vez es más una ilusión, una fantasía y un mito a la vez que una realidad.

Y esto no significa necesariamente que haya un problema en la pareja.

Lo importante es entender qué puede estar ocurriendo y, sobre todo, poder hablar de ello sin convertir el sexo en una prueba que hay que superar.

4 mitos de las relaciones sexuales

1. Si mi pareja termina antes, el sexo ha sido malo

Uno de los desencuentros más habituales aparece cuando una persona llega al orgasmo mucho antes que la otra, especialmente cuando la eyaculación ocurre antes de lo que ambos desearían.

En algunos casos puede tratarse de eyaculación precoz. La Sociedad Internacional de Medicina Sexual (ISSM) la relaciona con una eyaculación que ocurre de manera repetida antes o poco después de la penetración, acompañada de sensación de falta de control y malestar.

Pero hay algo importante: el problema no está únicamente en el número de minutos.

Una pareja puede sentirse satisfecha con encuentros relativamente cortos, mientras que otra puede vivir mucho malestar aunque el tiempo sea mayor. Lo importante es cómo se vive la situación y si está generando frustración o dificultades en la relación.

Además, esta situación puede afectar a ambos. La persona que eyacula puede sentir presión o miedo a «fallar», mientras que la otra puede sentirse poco atendida o pensar que sus necesidades han quedado en segundo plano.

Si estas experiencias se repiten, también puede aparecer frustración, discusiones o incluso evitar la intimidad para no volver a vivir una situación incómoda.

Por eso, cuando ocurre, no se trata simplemente de «aguantar más». El placer no depende únicamente de la penetración ni del tiempo que dure. Hablar sobre lo que necesita cada persona, explorar otras formas de disfrutar y reducir la presión puede cambiar mucho la experiencia.

2. Una relación sexual satisfactoria tiene que durar mucho

Esta es una pregunta que puede generar mucha presión: «¿Estoy tardando demasiado poco?»

La realidad es que no existe un tiempo perfecto.

La pornografía y algunas ideas que circulan socialmente pueden hacernos pensar que una relación sexual satisfactoria tiene que durar mucho tiempo. Sin embargo, la realidad es mucho más variada.

Un estudio realizado con profesionales especializados en terapia sexual encontró que, hablando únicamente del tiempo de penetración, entre 3 y 7 minutos se consideraba un tiempo adecuado y entre 7 y 13 minutos, deseable. Estos datos son solo una referencia y no una regla que todas las parejas tengan que cumplir.

Además, estamos hablando únicamente de la penetración.

Una relación sexual no empieza cuando comienza la penetración ni termina necesariamente cuando esta acaba. Los besos, las caricias, el contacto, la masturbación, el sexo oral y otras formas de intimidad también forman parte de la experiencia.

Por eso, mirar el reloj probablemente sea una de las peores formas de medir si una relación sexual ha sido satisfactoria.

Lo importante es cómo os habéis sentido, si habéis disfrutado y si ambos habéis podido expresar lo que necesitáis.

3. Si ya no tengo ganas de sexo, es que ya no quiero a mi pareja

El deseo sexual no permanece igual durante toda nuestra vida ni durante una misma relación.

Hay etapas en las que tenemos más ganas y otras en las que prácticamente desaparecen. El estrés, el cansancio, los problemas personales, los cambios hormonales, algunos medicamentos o determinadas circunstancias de la relación pueden influir.

Y esto no significa automáticamente que hayamos dejado de querer a nuestra pareja.

Además, el deseo no siempre aparece de la misma manera. A veces pensamos que primero tienen que aparecer las ganas y después buscamos la intimidad. Pero, especialmente en relaciones de larga duración, puede suceder al contrario: comenzamos con un acercamiento, unas caricias, un beso o un momento de conexión y las ganas aparecen después.

¿Qué puede estar afectando a tu deseo?

El estrés y el cansancio. Cuando estamos preocupados por el trabajo, el dinero, la familia o cualquier otro problema, resulta mucho más difícil desconectar y disfrutar del momento. Dormir poco o sentirse agotado también puede hacer que el sexo deje de estar entre nuestras prioridades. A veces no necesitamos «recuperar la pasión», sino simplemente descansar.

Los cambios físicos y hormonales. Determinados cambios hormonales, algunas enfermedades y ciertos medicamentos pueden influir en el deseo sexual. Si notas un cambio importante y mantenido, puede ser recomendable comentarlo con un profesional sanitario.

La propia relación. Los problemas que existen fuera de la cama también pueden terminar entrando en ella. Las discusiones frecuentes, sentir que no se nos escucha, acumular resentimiento o tener necesidades emocionales que no están siendo atendidas pueden afectar a nuestras ganas de acercarnos a la otra persona.

Si la falta de ganas se mantiene en el tiempo, puedes leer más sobre la falta de deseo sexual en pareja y sobre el deseo sexual hipoactivo.

4. La rutina acaba inevitablemente con el deseo

Al principio de una relación todo es nuevo. Queremos descubrir a la otra persona, sorprenderla y pasar tiempo juntos.

Con los años aparece la confianza y conocemos mejor sus costumbres y su forma de hacer las cosas. Esto puede ser maravilloso, pero también puede hacer que la intimidad se vuelva demasiado predecible.

El deseo también necesita cierta novedad.

No significa tener que hacer cosas extremas ni convertir el sexo en una obligación. A veces basta con cambiar pequeños hábitos, recuperar las citas, salir de la rutina o dedicar tiempo a estar juntos sin que todo gire alrededor de las responsabilidades.

También puede aparecer cierta monotonía cuando todos los encuentros siguen exactamente el mismo patrón. Dar espacio a la curiosidad, probar algo diferente o simplemente preguntar a nuestra pareja qué le apetece puede ayudar a recuperar el interés. Cuando la pareja funciona bien en todo lo demás pero el deseo se ha apagado, se habla a veces del síndrome del compañero de piso.

Volver a encontrarse sin presión

Que una pareja tenga ritmos diferentes, atraviese una etapa con menos deseo o no llegue al orgasmo al mismo tiempo no significa que haya algo que arreglar.

La sexualidad no tiene un guion que haya que seguir ni una única forma de disfrutar. Cada persona tiene sus propios tiempos, necesidades y formas de vivir la intimidad, y aprender a conocerlas y comunicarlas puede mejorar mucho la experiencia en pareja.

A veces, el primer paso no es buscar que todo vuelva a ser como antes, sino quitarse presión, hablar con sinceridad y recuperar el placer de estar juntos sin expectativas.

Y si las dificultades se mantienen, generan malestar o empiezan a afectar a la relación, un psicólogo y sexólogo especializado en Fuengirola puede acompañaros sin juicios, ayudaros a entender qué está ocurriendo y proporcionaros herramientas para recuperar poco a poco la confianza, la comunicación y el disfrute. También podéis trabajarlo juntos en terapia sexual de pareja.

Referencias

  • Corty, E. W., y Guardiani, J. M. (2008). Canadian and American sex therapists’ perceptions of normal and abnormal ejaculatory latencies: How long should intercourse last? The Journal of Sexual Medicine, 5(5), 1251-1256. https://doi.org/10.1111/j.1743-6109.2008.00797.x
  • Serefoglu, E. C., McMahon, C. G., Waldinger, M. D., Althof, S. E., Shindel, A., Adaikan, G., et al. (2014). An evidence-based unified definition of lifelong and acquired premature ejaculation: Report of the second International Society for Sexual Medicine Ad Hoc Committee for the Definition of Premature Ejaculation. Sexual Medicine, 2(2), 41-59. https://doi.org/10.1002/sm2.27

Preguntas frecuentes

¿Es normal no llegar al orgasmo al mismo tiempo que mi pareja?

Sí. Llegar ambos a la vez es más un mito que una realidad y no significa que haya un problema en la pareja. Lo importante es poder hablarlo y que los dos disfrutéis.

¿Cuánto tiene que durar una relación sexual?

No existe un tiempo perfecto. Un estudio con terapeutas sexuales consideró adecuada una penetración de entre 3 y 7 minutos y deseable de 7 a 13, pero es solo una referencia: una relación sexual no se reduce a la penetración.

¿Cuándo es eyaculación precoz?

La Sociedad Internacional de Medicina Sexual la relaciona con una eyaculación que ocurre de forma repetida antes o poco después de la penetración, con sensación de falta de control y malestar. No depende solo de los minutos.

Si ya no tengo ganas de sexo, ¿he dejado de querer a mi pareja?

No necesariamente. El deseo cambia con el estrés, el cansancio, los cambios hormonales, algunos medicamentos o la propia relación. Si la falta de deseo se mantiene y genera malestar, se puede trabajar con un sexólogo.

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